El viejo dictador
Resumen
De cómo un hombre marginal llega a ser el máximo dirigente de su país. Las tropelías que es capaz de hacer no dejarán a nadie sin una opinión.
El texto
SUBIRLos torpes movimientos de las manos del anciano no permiten ya recordar los años en que, siendo un muchacho recién salido de la niñez, se unió a la tripulación de un destartalado barco, antes un pequeño mercante, entonces casa de piratas. En él merodeaban por las islas, las costas y las playas de todo el litoral sur del país, en el Mar de la China. Sin perder la cínica sonrisa, asaltaban cargueros, asolaban aldeas, incendiaban factorías, viviendas, caravanas, y después de disfrutar del espectáculo de la sangre ajena y del sonido de los lamentos y los gritos, huían con la rapidez de la rata, desaparecían con el sigilo de la serpiente.
En un cuartucho que servía de oficina a los mandos revolucionarios fue entonces recibido por el propio sargento. Había un olor agrio a sudor de muchos días y de muchos hombres, contra el que nada podía el aire que tenía paso franco a través de la ventana abierta. Sobre la mesa -sólo una mesa y dos sillas eran todo el escueto mobiliario- reposaban dos libros, ambos de literatura dogmática, abierto uno y cerrado el otro. Al entrar, el viejo dictador sufrió una leve desilusión por comprender que el sargento había leído todo aquello que salía de su boca y que él pensaba que se le iba ocurriendo sobre la marcha del discurso. El calor obligaba a desabrochar las camisas hasta medio pecho.
En su fuero interno sabía que de allí podía salir derecho al paredón de fusilamiento; pero esto no lo conmovía, pues, en su estulticia, valoraba la vida en poco más que nada.
La eficacia del terrorista
Escribimos este relato entre varios amigos, como un juego. Los nombres de todos figuran en la portada del texto en el fichero pdf.
Resumen
Un hombre sin más interés que su propio pasar de día en día descubre que su hijo está implicado en una fuerte trama política.
El texto
SUBIRBasilio Espronceda, nacido de familia rica de provincias, educado en los jesuitas de Madrid y formado en la Facultad de Derecho; abogado, procurador, finalmente notario. Su carácter desde niño se había hecho a aguantar los más largos sufrimientos sin mostrar el dolor ni la tristeza; tampoco, por lo mismo, era capaz de demostrar alegría o contento. Esquivo con todo lo de la política, desconfiaba tanto de los que estaban como de los que no estaban. Padre de familia por continuar con el camino trazado de antemano, ignoraba las fechas de los cumpleaños de sus familiares, a los que jamás preguntaba qué tal o cómo te va o tienes suficiente con eso. Su mujer lo desconocía en la misma medida en la que él la desconocía a ella. Guardaba relación solamente con unos pocos amigos hechos en los estudios de enseñanza media, todos bien situados pero fuera del poder civil o militar. Nadie lo temía y ningún miedo lo atenazaba, nada buscaba y nadie lo buscaba.
Enterarse de la fuga de su hijo fue para él el despertar de un sueño que duraba años. Su hijo, estudiante también de Leyes, ya había tenido algunos problemas con la policía en ocasiones anteriores, pero nada de importancia. Basilio lo había conocido siempre a toro pasado, cuando ya estaba todo resuelto. Esta vez la cosa era más grave, según decía todo el mundo.

